Llevamos más de un siglo tratando de determinar el origen de la homosexualidad. Mientras que la mayor parte de la Academia opta por la creencia en un origen genético, la teoría queer afirma que no es más que un constructo cultural. Aun así, llegar a una conclusión determinante puede ser más peligroso para el colectivo de lo que se piensa.

La homosexualidad es genética

Pensar que el origen de la homosexualidad está en nuestros genes tiene bastante sentido. Los “comportamientos homosexuales” están presentes en todas las culturas del planeta. Hay registros de los mismos desde las primeras civilizaciones.

También es un comportamiento común entre animales de otras especies. Los atracción sexual entre animales del mismo sexo es habitual en casi todos los mamíferos.

Aun así, no se ha determinado con exactitud si existe un gen concreto o una combinación de genes que esté detrás de este tipo de atracción ya sea sexual o romántica.

Estudios como A Genety Study of Male Sexual Orientation de Bernard y Pillard en 1991 parecen confirmar esta opción. En dicho estudio se estudiaron a diferentes tipos de hermanos, mellizos y gemelos monocigóticos. Los resultados hablaron por sí solos.

La tasa de homosexualidad en gemelos monocigóticos o univitelinos era del 52 %. Muy superior a la homosexualidad en gemelos dicigóticos o mellizos con el 22 % y aún más alta a la tasa de coincidencia en hermanos biológicos no gemelos, del 9,2%.

La única explicación lógica a la diferencia entre gémelos y mellizos estaba en el código genético. Ambos hermanos han crecido en el mismo entorno y si la orientación sexual fuera algo cultural, no debía haber esta diferencia del 30% entre gemelos y mellizos. Ni la resultante con hermanos biológicos no gemelos.

Otros estudios posteriores han ido incluso más allá, encontrando en el diencéfalo dos posibles cromosomas que estarían detrás, como explicamos en este artículo.

Nuestra definición de homosexualidad es cultural

Viendo los datos del estudio de Bernard y Pillard, parece claro que la homosexualidad es genética, pero no lo es tanto. Para empezar porque nuestra definición de homosexualidad es cultural.

Aunque lo que definimos como “actos homosexuales” han existido siempre, las definiciones han variado. Incluso hay culturas que presentan la llamada “homosexualidad cultural”, en el que todos tienen relaciones homosexuales durante un periodo de su vida. Es el caso de los etoro, en Papua Nueva Guinea. Para esta tribu el semen es sagrado y no se fabrica sino que los mayores deben trasmitírselo a los jóvenes. ¿Cómo? Mediante mamadas.

En el actual Congo, hasta principios del siglo XX por influencia occidental, los Azande también tenían su propio ritual homosexual. En este caso, un guerrero podía tomar como esposo a un joven de entre 15 y 20 años, mientras reunía la dote para casarse con una mujer. Después, este joven tomaba a otro joven como esposo y así sucesivamente. El mayor de la pareja le introducía su miembro entre los muslos. Las mamadas y el sexo anal estaban prohibidos.

Sin embargo, no hace falta irnos tan lejos. Nuestros propios orígenes como civilización tienen en Grecia y Roma múltiples ejemplos de la relación homosexual entre maestro y alumno, en muchas ocasiones bastante cercana a lo que actualmente podríamos considerar pederastia. En otras ocasiones, también con mucho clasismo. Sirva de ejemplo esta cita de Artemidoro Daldiano, en el s. II:

Para un hombre ser penetrado por un hombre de más edad y más rico, es bueno: porque es costumbre recibir de tales hombres. Ser penetrado por otros más joven y pobre es malo: pues es costumbre dar a tales personas. El significado es el mismo cuando el que penetra es de más edad y pobre.

Activo y pasivo, otras definiciones identitarias

Esto nos lleva a un quid importantísimo de la cuestión. En Grecia y Roma, por ejemplo, no se distinguía entre homosexual y heterosexual sino entre activos y pasivos. Entre los Azande y los Etoro, entre jóvenes y viejos. La misma definición de orientación sexual como elemento identitario y diferenciador es una construcción de la segunda mitad del siglo XX.

Ya sabemos lo que pasa en la guerra, en la Marina y en la cárcel: En tiempos de guerra, todo agujero es trinchera.

Los defensores de que la homosexualidad es totalmente cultural utilizan estos ejemplos como argumentos de peso. Antes de definir lo que es ser homosexual no se podía ser homosexual. En muchos casos, la definición tenía en cuenta otros aspectos haciendo que todos fueran homosexuales y heterosexuales a la vez. Que al final hayamos elegido el sistema de sexo género y orientación sexual para definirnos no es más que una elección más de nuestra civilización, pero está lejos de ser determinante.

Es muy dificil determinar un origen 100% genético en el libro de los gustos. ¿Es genético también ser activo, versátil o pasivo? ¿Que nos gusten los rubios o los morenos? ¿Se podría crear una nueva clasificación que solo tuviera en cuenta el color de piel o del cabello en vez del género o los genitales? Por supuesto.

Estas cuestiones hacen que el debate sea largo y, probablemente, sin una respuesta 100% correcta.

Los peligros de descifrar el origen de la homosexualidad

Sea como sea, llegar a una conclusión definitiva puede llegar a ser muy problemático.

Si identificamos los genes que hacen que nos gusten las pollas, la ingeniería genética podría ser una solución para los homófobos. Ya vemos como se pueden hacer niños rubios a la carta. También se podrían hacer heterosexuales. La eugenesia como nuestro principal enemigo. El genetista Simon LeVay, al respecto del artículo de Barney y Pillard, afirmaba que aunque el estudio prueba “que la homosexualidad es tan natural y no elegida como la heterosexualidad”, esto no tiene por qué suponer el fin de la homofobia, puesto que “con la misma facilidad puede consolar al homófobo con la regocijante promesa de la erradicación genética de la homosexualidad misma”.

Si, por el contrario, concluímos que la homosexualidad es cultural, abrimos la veda a la terapias de conversión.

Aunque terapias de conversión y eugenesia nos pueden sonar lejanos, es importante echar un vistazo a la situación actual de la homosexualidad. Hay 12 países en el que ser homosexual es penado con la muerte. En otros 68 hay penas de cárcel. Y no podemos olvidar que aquí no entran países con legislación abiertamente homófoba como Rusia, Ucrania o Armenia.

Imaginad que pasaría si la ciencia descubriera el gen exacto o que el mismo no existe. Si la situación ya es horrible, lo sería mucho más, dando alas a los sectores más conservadores también en países donde tenemos algún tipo de derecho o, simplemente, no nos meten en la carcel.

Quizá sea mejor no saberlo. No importa cuál es el origen de la homosexualidad. Lo que importa es que existimos y que debemos tener los mismos derechos que cualquier otro ciudadano.