Homosexualidad en la Biblia: David y Jonatán
Ilustración de David y Jonatán. El primera relato sobre la homosexualidad en la Biblia.

Maricones ha habido toda la vida de Dios, y la homosexualidad en la Biblia se hace presente en algún que otro pasaje, como la de David y Jonatán y su historia de amor en el Antiguo Testamento.

La Iglesia siempre se ha preocupado de tildar a los homosexuales de amorales hijos de Satán y fornicadores y cosas muy antiguas que la verdad no recuerdo, porque son unas chorradas terribles. Lo que la Iglesia nos ha ocultado es que “la vergüenza” habita en sus propias paredes.

Entre las páginas de la Biblia encontramos la leyenda de dos hombres, amantes y guerreros, que rogaban a Yahvé (el nick de Dios en Grindr) y derramaban sangre por él, pero luego copulaban hasta el amanecer en los muros de palacio, a espaldas del Rey.

La historia de David y Jonatán la encontramos en los Libros de Samuel, en el Antiguo Testamento. Pero como sé que son textos muy densos, ya me los he leído yo y te los resumo, ¿vale? Tú tranquila.

Estamos en el 1200 antes de Cristo, más o menos. En el primer capítulo de esta historia encontramos a un David adolescente. David es el hijo más pequeño de Isaí, un ganadero de Belén bastante pudiente, y además es “rubio, de hermosos ojos y bien parecido” (Samuel 1 16:12). O sea, David, en mi cabeza, era un twink maravilloso. Como referencia, podemos usar a Randy Harrison, el que hacía de Justin en Queer As Folk.

Con esa carita le va a robar la cabeza a un gigante.

En Israel, por aquel entonces, gobernaba Saúl, su primer rey. Pero es que resulta que el Saúl estaba bien locuelo, y le entraban ataques de celos y de melancolía y el tipo era un raro raro raro. A Saúl nos lo vamos a imaginar como Joaquin Phoenix, ¿vale?

Ella es loca con su tigere, loca, loca, loca.

Los criados de Saúl le recomendaron que se trajera a la corte un tiarrón que tocara el arpa, que así se animaba seguro. ¿Y a que no adivináis quién vino? Pues claro, tía. David, que además de ser rubio y guapo “es valiente, buen guerrero, elocuente, atractivo, y el Señor está con él.” (Samuel 1 16:18). Pues David enseguida se hizo a la vida de la corte y Saúl estaba encantado con su arpa.

Jonatán es el hijo de Saúl, dice la Biblia, por lo que digo yo que cuando David llegó a la corte, él ya lo habrá visto. En las escrituras no pone nada de cómo era Jonatán, pero yo quiero imaginármelo como un tío moreno, más grandote, por hacer contrapunto con el tirillas de David. Jonatán va a ser Kellan Lutz, pero como apareció en Crepúsculo, ¿vale?

Primero te echa un pulso y luego un polvo.

Ahora es cuando va la famosa historia de David contra Goliat. Os lo resumo: los filisteos estaban en guerra contra los judíos, y Goliat era el campeón de los filisteos. David pasaba por allí y vio la movida. Ninguno de los israelitas quería luchar contra Goliat, pero el David era tremendo. Le soltó un hondazo en la frente, Goliat se quedó traspuesto, se cayó de espaldas, David le quitó la espada, le cortó el cogote y se fue de paseo con la cabeza. Muy del Antiguo Testamento todo.

Lo que nos interesa… Después de esto, Saúl puso a David al mando de su ejército. Yo me imagino aquí a Jonatán espiándole detrás de las columnas de palacio, todo muy naïve. Porque la Biblia no dice nada de esto, pero habrá que hacer una progresión creíble del amor de los personajes, ¿no?. Total, que el David era lo más en las batallas, tanto que las mujeres judías decían que donde Saúl mataba mil, David mataba diez mil. Y claro, eso llegó a oídos de Saúl, que como ya sabíamos, estaba enfermo de celos todo el rato por cualquier cosa, y la cogió con el pobre David. Se mosqueó tanto que a David ya le daba cosa seguir en palacio, así que intentó huir de noche.

Y aquí está, amigas, lo que estábamos esperando. Se conoce que cuando David estaba huyendo, por fin Jonatán se arma de valor y se declara. Y atención a esto, lo que dice la Biblia: “Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.” (Samuel 1 18:1). O sea, se terminó de enamorar, tías. Pero claro, va Saúl y les pilla charlando, frustrando el intento de huida, “Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre.” (Samuel 1 18:2). El pobre David estaba prisionero de su jefe, que encima que le robaba el protagonismo, también le iba a robar la flor de su niño. Aunque eso él no lo sabía, claro.

Pero a David y a Jonatán les dio igual, “E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.” (Samuel 1 18:3). Y aquí ya la cosa se pone sexy, y es que Jonatán estaba tan pilladísimo por David, que “se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.” (Samuel 1 18:4). No, yo tampoco sé lo que es un talabarte, pero que Jonatán se quedó en pelota picada delante de David y le hizo todos esos regalos, es un hecho.

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Homosexualismo bíblico.

A partir de ahí, nuestra parejita entra en perfil bajo, para que Saúl no les pille: “Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos de Saúl” (Samuel 1 18:5). Él se portaba bien, se seguía montando a Jonatán de noche, y encima el pueblo estaba encantado de la vida con él.

Hasta que Saúl se enteró de las andanzas de su hijo con David, que hasta mucho había durado ya… Y va y le espeta a Jonatán: “Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre?” (Samuel 1 20:30). Pero ni el propio Saúl puede hacer nada para parar el amor salvaje de Jonatán y David, que va desbocado.

Sin embargo, la tragedia cayó encima de David cuando Jonatán murió en batalla al lado de su padre en el monte Guilboa. David lamenta la muerte de Saúl, cosa que no entiendo mucho, la verdad, porque le había acosado durante toda su vida y se había comportado como un cabrón con él, pero bueno, lo mismo era postureo funerario. Y por supuesto, también llora la muerte de Jonatán, y dice “Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres.” (Samuel 2 1:26).

Podría meterme en justificaciones, como que la homosexualidad en entornos bélicos estaba más que bien mirada en la Antigüedad, o argumentando por qué aunque ambos estuviesen casados le doy fiabilidad a la teoría de que eran amantes, y no sólo amigos… Y aquí acaba la única historia de amor homosexual de la Biblia.

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Escritora a ratos, maricón a tiempo completo, intérprete y gran comunicadora como María Teresa Campos. Marsha P. Johnson es mi animal espiritual y Lluis Mosquera me manda audios.