Pensé que era a la única que le pasaba”. Cuántas veces hemos escuchado esta frase de nuestras amigas lesbianas. La adolescencia suele ser dura y mucho más si eres una persona LGTBI. La sensación de soledad, de diferente, de incomprendida lleva a pensamientos de suicidio a casi la mitad de las personas LGTBI durante su adolescencia.

Una de las formas de solventar este grave problema que es de la sociedad en su conjunto es la visibilización, el dejar atrás los armarios y dar un paso al frente para que las adolescentes de hoy vean referentes, mujeres valientes, poderosas y libres que dicen a los cuatro vientos que les gustan las mujeres, que aman a mujeres.

Si todo el colectivo LGTBI necesita visibilización, creo que las lesbianas aún más. Yo también pensé que era la única y cuando tuve pareja que ya éramos dos. Pero luego, descubrí que éramos muchas pero que sólo algunas lo decían.

Tener que estar escondida también es violencia. El heteropatriarcado despliega una mayor violencia con nosotras, por un lado por ser mujeres, por otro, por ser lesbianas.

No nos perdonan que no queramos ser el objeto de deseo del patriarcado y por eso o nos invisibilizan pensando que lo que hacemos no es es sexo, son caricias, ¿si no hay pene qué hacéis? Necesitáis un pene para tener sexo. Y lo que no saben es que sí, tenemos sexo, además muy placentero, jugamos con ventaja, tenemos claro lo que es un clitoris y lo que es el deseo femenino.

También nos hipersexualizan en los anuncios de prostitución o en el porno para decirnos que obedezcamos. Que tenemos que seguir siendo objeto del deseo de la masculinidad hegemónica. Y no. No queremos ser objetos. Queremos ser sujetos que tienen sus propios deseos. Ponemos en el centro el deseo sexual femenino, el mismo deseo que siguen ocultando siempre y que hay gente que dice que no existe.

Una vez que sales de ese armario va a haber quién te lo ponga difícil. Siempre se habla de los techos de cristal para las mujeres. Y otra vez viene la doble discriminación. Las mujeres lesbianas visibles tenemos techos de cristal más duros y más firmes, hasta el punto que casi no se puede decir un nombre de mujer lesbiana con poder que se declare lesbiana abiertamente.

Y por eso estoy en esto también orgullosa de Podemos y de las lesbianas valientes que han dado un paso adelante como Beatriz Gimeno (diputada en la Asamblea de Madrid), Pilar Lima (Senadora) o Eukene Arana (diputada en el Parlamento vasco). Es un plus para echarte de las estructuras políticas y de poder. Lo puedes ser pero no lo digas, que no se note, a nadie le importa.

Pero claro que importa, le importa a todas esas adolescentes que como yo pensaban que eran las únicas, que algo fallaba, que algo no andaba bien, que no serían capaces de adaptarse a una sociedad que te lleva siempre al lado de la inexistencia.

Por esto, hay que cambiar la forma en que las sociedad ve a las mujeres lesbianas, tenemos que hacernos visibles y que nuestra orientación sexo afectiva no sea algo que juegue en nuestra contra. Porque queremos a las mujeres siendo mujeres. Y es una manera liberadora de entender el amor, el sexo y el mundo.

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