Vladimir Putin ha sido elegido presidente de Rusia con el 76% de los votos. Continuará seis años más al frente del Kremlin provocando el detrimento y la opresión de las personas LGTBI.

No sólo la alargará, sino que continuará auspiciando silente su escalada violenta. Un país en donde la libre manifestación por la diversidad es reprimida. En donde se atacan con sustancias químicas charlas del colectivo. Un país que permite que regiones como Chechenia abran centros de reclusión para personas LGTBI. Un país del cual sabemos, -por la información que nos llega a cuentagotas y difícil de contrastrar-, que 3 personas han sido asesinadas y al menos 100 retenidas por amar y expresarse fuera de la heteronorma. Un país en el 43 personas han sido evacuadas a otras regiones rusas.

Todo ello bajo el brazo de la ley. En 2013 se aprobó una nueva legislación que prohibía la propaganda de relaciones sexuales no tradicionales entre menores, lo que da pie a una extensa interpretación legislativa. Orgullos o charlas sobre educación sexual en cuestión de diversidad quedaban prohibidas. Con todo lo que eso conlleva para las infancias diverso afectivas en desarrollo.

Los datos son alarmantes y Europa alza una voz tenue. Pero sigue habiendo personas que no tienen miedo.

Vidas oprimidas

Desde el escenario de un club nocturno gay, AP entrevista a jóvenes homosexuales sobre su situación actual en la ciudad de Ekaterimburgo (una ciudad industrial a 1.400 kilómetros al este de Moscú). Andrei, un joven artista de 30 años, se expresó sobre las consecuencias de la victoria de Putin para el colectivo durante los próximos seis años.

Esto se ha convertido en una especie de “no preguntes, no digas”. Tras la caída de la Unión Soviética en 1991, la homosexualidad podía ser castigada con hasta cinco años de prisión.

la opresión de las personas LGTBI
Andrei maquillándose antes de su show. Foto: NATALIYA VASILYEVA.

Markus, de 26 años, se marchó de casa cuando era adolescente tras abandonar un internado militar.

“No puedo simplemente pisar los talones y caminar por las calles. Mi educación no lo permitirá. Solo soy un hombre normal como todos los demás, excepto por mi orientación sexual, pero no debería contárselo a todos. Es mi secreto. Si no lo exhibes, si no presumes, está bien”.

Es cuanto menos inquietante esta frase de Markus: “si no lo exhibes“. Vemos perfectamente como el miedo se apodera y brota cierta plumofobia incluso dentro de la comunidad gay. Un miedo al delator que genera en aquellas personas fuera de la homonorma. Algo que no nos aleja mucho del machismo gay que vivimos en occidente: en Rusia por opresión, y en occidente por cánones capitalistas.

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Markus maquillándose antes de su show. Foto: NATALIYA VASILYEVA.

Entre los artistas de la discoteca Fame, Andrei fue el único que dijo que votaría, aunque se negó a decir a quién. Uno de los intérpretes veteranos, Gera, de 51 años, dijo que nunca votó porque no tiene “ni confianza ni fe” en las elecciones, y Markus también dijo que no tenía sentido.

Markus dijo que no le guarda rencor a Putin por monopolizar el poder. Al igual que muchos rusos, él le atribuyó el mérito por “brindar estabilidad” a pesar del empeoramiento de las relaciones con Occidente.

“En comparación con la Unión Soviética y la década de 1990 cuando había pandillas, ahora la vida es mucho más fácil”

La era en la que algunos barrios de Ekaterimburgo fueron madrigueras de drogas al aire libre por la noche puede haber desaparecido, pero la seguridad en Fame ilustra el nerviosismo persistente en la comunidad gay. Tres hombres en la entrada registraron las pertenencias de los clientes en el detector de metales más meticulosamente que los oficiales de seguridad en algunos aeropuertos rusos.

La mayoría de los clientes no querían ser fotografiados o entrevistados, diciendo que temían las repercusiones de los vecinos o colegas.

Zakhar Naumov, un gerente de marketing de 32 años de una compañía de flores, dijo que podía entender la necesidad de una mayor seguridad. Fue golpeado por guardias en un club que organizaba una fiesta gay en 2008 “porque yo estaba saliendo de su club, sosteniendo a alguien de la mano”.

A diferencia de la mayoría de las víctimas de la violencia anti-gay que en su mayor parte no se denuncia en Rusia, Naumov fue a la policía y presentó cargos. Sus atacantes recibieron breves condenas de prisión.

Naumov dijo que otros seis años de Putin “van a ser los mismos que antes”, y que los gays se abran sobre su sexualidad solo a familiares directos o en clubes.

Pero atrae la esperanza de una generación más joven que parece aceptar mucho más a los homosexuales que las personas que crecieron en la Unión Soviética. Las actitudes no cambiarán hasta que el gobierno sea “tan joven como nosotros”.

FuenteNATALIYA VASILYEVA de AP, Magcedonia
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