Nine Inch Nails dieron toda una lección de música en directo en el festival Mad Cool 2018. Trent Reznor y los suyos mostraron la evolución de su sonido en un increíble espectáculo difícil de olvidar.

Lo tenían muy difícil después de los geniales directos de Pearl Jam, Queens of the Stone Age o Tame Impala. Pero juegan en otra liga.

Abrieron recurriendo a Somewhat Damaged, The Day the World Went Away, Wish, Less Than o March of the Pigs; dejándonos sin respiración, sin aliento y sin poder reaccionar a lo que posteriormente se confirmaría como el mejor concierto del festival y uno de los mejores de la banda nunca recordados. Desde el primer momento el público estaba captado y abducido en el año zero. Todos eran uno.

La clásica Piggy sirvió para rebajar la intensidad (sólo un poco) y para introducir nuevas composiciones de su último álbum titulado “Bad Witch” como The Lovers, Shit Mirror, Ahead of Ourselves (el subgrave arpegiado de la canción todavía me tiene aturdido como de una droga se tratase) o God Break Down the Door. El toque de Atticus Ross se hace presente. Esto se convertiría en un bloque genialmente trazado hacia una escalada que no tocaría techo.

Comenzaban algunos clásicos antiguos -y no tanto-, como Closer, Copy of A, el guiño a Bowie ya clásico de sus conciertos con “I’m Afraid of Americans”, Survivalism (el single de salida de Year Zero), para seguir con Gave Up, el rompepistas The Hand That Feeds y su clásico Head Like a Hole.

En este momento del concierto es cuando NIN ha hecho contigo lo que ha querido. Te ha zarandeado, hecho pequeño, hecho grande, te ha subido al cielo, te ha drogado con su música; te han abierto el cráneo y se han corrido dentro para volver a cerrarlo sin puntos de sutura. Y luego van y acaban con Hurt, y te quedas destrozado, maravillado por lo que acabas de presenciar. El público se funde y no hay más que decir.

Este concierto no tenía esa narrativa visual que suelen montar en las giras, pero es que no les hacía falta. No tocaron canciones que en el directo se prestan para ser grandiosas como Just Like You Imagined, Great Destroyer… pero el repertorio era tan apoteósico y tan bien trazado que a lo mejor hubiera quedado hasta recargado.

El derroche y calidad de estos musicazos eclipsaba cualquier detalle, porque la música lo era todo. Destacables fueron Ilan Rubin a la bateria y Robin Finck a la guitarra, sintes y coros. Trent se iguala al resto en directo y se agradece. El padre de la música industrial estaba visiblemente emocionado por la comunión que había conseguido en Madrid. Todo apunta a que este concierto será uno de los más recordados de la banda.

Y sí, hubiera firmado estas mismas palabras si no fuera fan de la banda. Juzgad vosotrxs mismxs: