La discoteca Sonora de Algeciras fue el escenario de una nueva agresión homófoba. En la madrugada del domingo 6 de mayo, los porteros del local impidieron el paso a un par de hermanos. Ante esto, la única respuesta que recibieron fue “No les dejes entrar que parecen maricones”. La denuncia está en manos de la justicia.

Santi es un joven que salía la noche del pasado domingo por la zona de marcha de Algeciras. Según contaba en las stories de su Instagram, le ofrecieron una pulsera de entrada libre de la discoteca Sonora. Como otra noche cualquiera, su grupo pasaba la noche hasta que decidieron aprovechar la promoción.

En la entrada del local, sus amigas, además de otras jóvenes, pudieron pasar de la puerta; él y su hermano no. En un primer momento y según sus palabras, los porteros del recinto se refirieron a la pulsera diciendo “Eso no vale, espera”. Ante la sorpresa y pidiendo justificaciones, dice que le espetaron que “no puedes entrar, se te ven los calcetines”.

La sucesión de respuestas le hacen sospechar de las intenciones de los responsables de seguridad. No obstante, desanimado -“aunque ellos dejan entrar a chicas en deportivas, tienen el derecho de admisión”, comenta en su cuenta- y a punto de marcharse de vuelta a casa, escucha el origen de su denuncia.

“No les dejes entrar que parecen maricones”

Al girarse pero con suficiente claridad, Santi escucha el alegato homófobo de los porteros. “No les dejes entrar que parecen maricones”, denuncia blanco sobre rosa. Vista la gravedad de los hechos, reclama una hoja de reclamaciones; sin embargo, sólo le entregan una copia, sin facilitarle con qué escribir en ella. En búsqueda de un bolígrafo, se persona la Policía Local, gracias a la cual consigue las tres copias de la hoja de reclamaciones y el bolígrafo. A lo largo de la noche y apoyado en su testimonio, acudió a la comisaría del Rinconcillo, donde interpuso la correspondiente denuncia.

“Fue la noche más larga de mi vida”, ha declarado Santi a Magcedonia. No obstante, se ha sentido protegido durante la actuación policial: “la policía local se ha portado muy bien conmigo. Me han ayudado mucho con el proceso de la denuncia”.

“Si nadie denuncia, no cambian las cosas”

Según nos comenta, no es el primer encontronazo con los porteros del local: “Hace un tiempo acudí con una amiga al local y, aunque me dejaron pasar, era ella a quien no dejaban”, nos comenta. Cuando les pidió explicaciones, le espetaron que “Tú no puedes hacerte cargo de ti mismo, ¿te vas a hacer cargo de ella?“. Finalmente pasó, pero esto le hizo estar más atento a la reacción de los porteros desde entonces. Santi observa que “con el paso de las semanas he visto que también despreciaban a otras personas que querían entrar en la discoteca por otras razones”, algo que, sin valorar en detalle, reconoce que pesó a la hora de denunciar.

No obstante, no todo han sido malas experiencias: “Desde que publiqué mi denuncia en redes, he recibido muchos apoyos. Mucha gente que no me conoce ha compartido mi historia. Mis familiares, mis amistades… todos me han escrito para animarme”.

También ha intentado dar a conocer su historia en medios de comunicación del Campo de Gibraltar; sin embargo, recibió respuesta más allá del peñón: La asociación Andalucía LGBT, con sede en Málaga, se encarga de acompañarlo y asesorarlo.

¿Por qué es importante la denuncia?

Antonio Ferre, representante de Andalucía LGBT, insiste en la necesidad de informarse sobre cómo poner una denuncia: “aunque nos rompa la noche, si es necesario poner una denuncia, lo mejor es ponerla. Si no nos dejan acceder al local, hay que llamar a la policía y hacerlo todo en el momento“.

Ferre insiste en evitar llevarlo a redes a la primera de cambio: “no nos podemos dejar llevar por el momento y manifestar nuestro malestar por Internet, porque un malentendido puede complicar la situación“.

La petición de ayuda es fundamental, como hizo Santi al contactar con la policía. Todos los locales, públicos o privados, han de tener un libro de hojas de reclamaciones. En Andalucía, si la pedimos, han de suministrarnos un juego de tres hojas: una para el local, una para la administración y una para quien reclama, que debe guardar esa copia.

Además, “en lugar de exponernos en redes sociales, hay que buscar testigos para denunciar lo ocurrido. Lo que consta siempre es la denuncia“. Añade que “aunque este no es el caso, si la agresión es física, es necesario acudir a un centro de salud o similar. Allí buscamos que nos hagan un parte médico que certifique las lesiones o cualquier consecuencia de la agresión”.

Ya en comisaría, es conveniente dejarse asesorar; en principio debe haber la sensibilidad correspondiente ante estos casos. Si no fuera el caso, también se puede contar con las asociaciones. Allí tiene lugar el reconocimiento de la circunstancia y de los presuntos agresores. Así, “cuantos más datos se tengan del caso, más completa será la denuncia“.

El proceso puede ser de más o menos entidad; no todos los casos se juzgan como en televisión. En este caso, Ferre opina que “es probable que se quede en un juicio de faltas“; aún así, “los tribunales de justicia andan faltos de recursos”, por lo que el juicio se puede postergar.

“Si nadie denuncia, no cambian las cosas”

Magcedonia ha intentado sin éxito ponerse en contacto con los responsables de la discoteca para conocer su versión. No obstante, sí han intentado hablar con Santi: “De la discoteca han intentado ponerse en contacto conmigo. Agradezco que den la cara, aunque por el momento la denuncia sigue adelante“.

Santi explica que “quiero un compromiso firme, porque las palabras se las lleva el viento. Si hoy me lo hacen a mí, mañana se lo hacen a otro. Por desgracia, si nadie denuncia, no cambian las cosas“.

El apoyo de sus allegados, el acompañamiento de la asociación y su propia determinación han sido fundamentales. Mientras tanto, la causa está a la espera de que la justicia cumpla con los plazos.