Pinkwashing en Eurovisión

El pinkwashing en Eurovisión por parte de Israel es una constante desde hace décadas. Por medio de candidaturas LGTB+, el estado trata de exportar una imagen de defensa de los Derechos Humanos, a la vez que los incumple sistemáticamente con la población palestina.

Israel ha incumplido 26 resoluciones de la Organización de Naciones Unidas desde su nacimiento. Es también uno de los países con mayor arsenal nuclear y no ha suscrito el Pacto de No Proliferación Nuclear. La situación en Palestina la conocemos de sobra.

Sin embargo, desde 1998, Israel ha utilizado el pinkwashing en Eurovisión.

¿Qué tiene que ver esto con Eurovisión?

Se dice que Eurovisión no es un certamen político. Se trata de canciones, de unir países por la música y no separar. Por ello, el contenido político está prohibido en las canciones. Sin embargo, la propaganda puede llegar de muchas otras formas.

No podemos olvidar que Eurovisión es el evento musical más visto del mundo. Más de 200 millones de personas siguen el Festival en todo el planeta. Por ello, se convierte en un escaparate perfecto para dar una imagen concreta de tu país.



El pinkwashing es una estrategia israelita que trasciende Eurovisión. Tel Aviv es la meca gay indiscutible del Mediterráneo Oriental. En Israel no hay matrimonio igualitario, pero sí hay ley de parejas de hecho, se permite adoptar y se reconocen los matrimonios realizados en el extranjero.

Sabiendo que en Europa, no en EEUU, hay una población bastante crítica con las actuaciones israelíes en Palestina, el pinkwashing en Eurovisión les ayuda a tratar de lavar esa imagen. “Mira qué buenos somos con los trans y los maricones, no somos unos monstruos asesinos de niños inocentes”.

Además, les ayuda a crear una confrontación mayor. Mientras en los países de su entorno la homofobia es latente (más después de las Primaveras árabes y la desaparición del socialismo árabe de Baas), Israel se convierte en un oasis paradiásico para las personas LGTB+.

“Nosotros somos Europa, no el mundo árabe”. Esa es quizá la clave que explica las participaciones del país asiático. Este año, hasta para los más críticos, la participación de Netta está suponiendo un conflicto. ¿La votamos o seguimos castigándolos?

Eurovisión es política

Así posó Mans Zalmerlöw en una revista gay para lavar su imagen tras sus polémicas declaraciones homófobas en un programa de la televisión sueca.

Aunque no siempre ganan los mismos y la calidad musical prevalece, Eurovisión es política. Los conflictos entre países surgen también en el Festival y se castiga en muchas ocasiones.

Rusia no acudió el año pasado a Eurovisión por la guerra de Crimea con Ucrania. Armenia no fue a Azerbaiyán en 2012 por su conflicto en Nagorno Karabaj.

Rusia es abucheada cada año por la situación de las personas LGTB+ y la Ley Anti Propaganda Homosexual. La inesperada victoria de Jamala por Ucrania en 2016 -musicalmente merecida- también se explica por el castigo de los jurados a Rusia. La canción de Jamala hablaba del genocidio tártaro en la época soviética y trataba de hacer un paralelismo con la situación actual en Crimea. Rusia era favorita para ganar ese año y fue la ganadora del televoto.

Aram MP3, armenio favorito para ganar en 2014 quedó finalmente cuarto tras criticar abiertamente en su país a Conchita Würst por ser parte del colectivo.

Mans Zalmerlöw, ganador sueco en 2015, también tuvo su momento homófobo. Afortunadamente supo rectificar a tiempo e inició una gran campaña de pinkwashing para mostrar que estaba buenísimo y que era más gayfriendly que nadie. Le salió bien. Quedó primero gracias al Jurado (era tercero en televoto) mientras que Rusia quedaba segunda (tercera para el Jurado). Curiosamente, el ganador del televoto fue Italia, tercera.

El problema con Netta Barzilai

Este año, sin embargo, no estamos hablando de pinkwashing en Eurovisión. Quizá podríamos considerar purplewashing (lavado de imagen feminista) pero no.

Netta Barzilai se ha puesto primera en las casas de apuestas con movido tema feminista llamado Toy. Y es aquí cuando empiezan los conflictos:

El tema lo tiene todo para ser eligido. Tiene mensaje, es bailable, es diferente a todo lo demás y es un cambio de tercio al 100% frente a la canción de Salvador Sobral. Decía el portugués el año pasado que la música no eran solo fuegos artificiales.

Y llega Netta y le dice que los fuegos artificiales te hacen brillar. Que te empoderan y que pueden cambiar el mundo como nunca podría hacerlo una canción más de amor no correspondido como la de Sobral.

Aún así, nunca hay que fiarse del todo de las casas de apuestas. Ya pasó el año pasado con Occidentali’s Karma, de Francesco Gabbani, bailable, divertida y con mensaje, que se llevó todo el año en primera posición en las apuestas y terminó la final sexta.

Israel, al contrario que Italia, tiene además este problema del pinkwashing. Habemos muchos que siempre evitamos votarle porque estamos en contra de sus políticas y sus lavados de imagen. Igual que estamos en contra de la LGTBfobia institucionalizada rusa o armenia.

El problema es que Netta Barzilai es realmente una mujer feminista empoderada. Ni siquiera tiene un físico normativo. Lo que sí tiene es un mensaje que queremos en Europa. Y no queremos castigar a Netta aunque si queramos expresar nuestro desacuerdo con la política israelí. ¿Qué podemos hacer? Al final, como en las elecciones, se trata de votar en conciencia.

¿Qué podemos hacer?

¿Queremos ayudar a que Israel siga vendiéndose como un paraíso feminista y LGTB+? ¿Vamos a apoyar el pinkwashing en Eurovisión? ¿Vamos a votar únicamente por criterio musical? ¿Cerramos los ojos a las violaciones de Derechos Humanos en Israel, Rusia, Ucrania…? En Israel también hay personas críticas con la política palestina de su Estado. ¿Les estamos castigando también a ellos? ¿Tenemos nosotros la culpa de que España haya cada vez menos libertad de expresión y por ello nadie debería votar a Amaia y Alfred?

Eurovisión es política pero ya sabemos que en España no sé nos da muy bien votar.

El caso de España

El año pasado fue, probablemente, el año más cómodo para el eurofan español. Todos estábamos de acuerdo en que queríamos la última posición para Manel Navarro. El bochorno en el sistema de elección y las historias extrañas con Sony Music nos hizo celebrar cada 0 puntos como una victoria.

Este año, sin embargo, estamos en la posición contraria. Todo el mundo adora a Amaia y mucha gente quiere a Alfred. Ambos representan, como Netta en Israel, lo que sí nos gusta de nuestro país. Queremos a Amaia sin depilar, hablando de poliamor, de feminismo y del tabú de la menstruación. Parando el Festival a lo Azúcar Moreno para ir a mear antes de dejarnos locos con su calidad musical. También queremos a Alfred utilizando el altavoz eurovisivo para mostrar lo que da vergüenza de España y Europa.

El día que Amaia ganó OT 2017

Lamentablemente, la canción de España, a diferencia de la israelí, no trasmite eso. Amaia no ha ganado Operación Triunfo por su carpeta (y más por Shake It Out que por City of Stars) ni va a ganar Eurovisión 2018 por su carpeta.

Netta Barziloi, sin embargo, nos ha traído un camino que ojalá sigamos -gane o no- los próximos años. Mostremos lo que sí nos gusta de España. Lo que realmente podamos aportar al resto de Europa.

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