Se obró el milagro en Kiev. Y no el de Fátima. Por primera vez Portugal se alza con su primer micrófono de cristal tras haber participado durante más de 50 años sin haber obtenido la victoria.

El país luso volvía a participar en Eurovisión después de que el año pasado decidiera no hacerlo, no sólo por motivos económicos (el anterior gobierno priorizó en derechos deportivos televisados y no quedó para el resto), sino para analizar los problemas de resultados pasados, reestructurar y llevar a Europa propuestas de calidad.

Esto no es casual. Tras años de debacles muy similares a las españolas, el gobierno luso, actualmente formado por una coalición de izquierdas (Partido Socialista, el Partido Comunista y el Bloco de Esquerda), es la artífice inicial de que este proceso haya sido exitoso.

Desde su llegada al gobierno a finales de 2015, trataron a Eurovisión como la importante plataforma que es, la cual es vista por 200 millones de personas alrededor del mundo y en dónde no solo se cantan canciones, sino también se exporta una imagen de país a través de su cultura.

La tendencia es similar en países como Francia o Italia que tras haber cambiado sus delegaciones han mejorado considerablemente sus últimos resultados. Han sabido ver esta importancia de proyección de una imagen cultural (el caso extremo sería el gobierno español y RTVE).

Tras el hiatus de un año de Portugal en el festival, la apuesta política de la coalición de izquierdas ha sido encumbrar de nuevo el certamen por el cual los representantes portugueses son elegidos: el Festival da Canção. 

El germen de que Portugal ganara Eurovisión tiene un origen, una apuesta del actual gobierno por la cultura lusa. Un gobierno que reorganizó el Festival da Cançao, dotó de recursos y atrajo a prometedores compositores a participar.

Y aquí está el trabajo detrás de la selección. Se produce una búsqueda de compositores para que envíen sus propuestas a la RTP (Radiotelevisón Portuguesa). Se apuesta por la canción portuguesa, también por artistas reconocidos o emergentes que no están en una línea comercial. Ahí es donde aparece la reconocida compositora Luisa Sobral, la cual es invitada a componer una canción que después ofrecerá a su hermano Salvador como intérprete.

Portugal, una candidatura cargada de magia

Celebración multitudinaria en Lisboa (Portugal) de la victoria de Sobral en Eurovisión.
Celebración multitudinaria en Lisboa (Portugal) de la victoria de Sobral en Eurovisión.

Han sabido otorgar a la candidatura de cierta magia, ya no sólo por el carisma de Salvador y por la excelencia de la canción, sino por la rumorología detrás de sus problemas médicos hasta el último momento. Una magia que se podía palpar en los ensayos de Kiev, donde Sobral hacía un canción distinta cada día, como los buenos artistas de jazz. Un artista comprometido con la situación de los refugiados al que no le importó que su jersey “SOS Refugees” le pudiera acarrear pérdida de votos.

Una canción diferenciada del resto, y con unos difíciles competidores, a pesar de que no era una de las claras favoritas hasta una semana antes. Bulgaria se afianzó del segundo puesto e Italia ha sido la gran derrotada de este año, le ha pesado ser favorita todo el tiempo además de tener unas críticas algo sobrevaloradas.

Ante el artificio barroco de las producciones pop, ganó la belleza de la sencillez, ganó la emotiva fragilidad que supo llegar a los espectadores europeos, rompiendo absolutamente con todos los clichés eurovisivos. Parece que vuelve a ganar ese Eurovisión de la canción y del mensaje y no el de la superficialidad (que no tiene nada que ver con una cuestión de fuegos artificiales). Como el propio salvador dijo al recoger su premio:

Vivimos en un mundo de música rápida sin ningún contenido. Esto es una victoria para la música y para la gente que hace música que significa algo. La música no son fuegos artificiales, la música son sentimientos, así que intentamos cambiar esto, y traer la música de nuevo que es lo que realmente importa”.

Ha ganado una canción en portugués, en un país con un solo vecino al que a priori la geopolítica le podría afectar. Esto ayuda a desmitificar los clichés que tiene Eurovisión. El problema parte de los responsables políticos, si quieren apostar por ello, o no. Portugal nos ha enseñado que si se quiere ganar el festival, se puede.

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Cantante y compositor | Periodista, director de Magcedonia.com y colaborador en MTV España 📺 | Amante de la música, youtube y la ciencia ficción | Booking: me@alanneil.tv

En resumen: cantante, periodista y maricón, en el orden que quieras.