Mañana se celebran las elecciones presidenciales en Francia. Por un lado, la ultraderecha lgtbfoba y xenófoba de Marine Le Pen y el Frente Nacional. Por otro, el neoliberalismo de Emmanuel Macron de En Marcha. Aunque parezca que no hay opción buena, lo cierto es que sí hay una opción peor. El triunfo de la ultraderecha sería un paso atrás en derechos y libertades como nunca habíamos visto en Europa en los últimos años.

Curiosamente, Le Pen tiene un gran número de votantes gays entre sus filas. Según afirmaba El Mundo en octubre, el 26% de los hombres homosexuales de París apoya al Frente Nacional, frente al 16% de la población general. Unos datos curiosos si tenemos en cuenta que la derogación del matrimonio igualitario o Ley Taubira (por el nombre de Christine Taubira, la ministra que la sacó adelante), está en el programa del partido.

¿Por qué los gays, que no las lesbianas o las identidades trans, apoyan tanto a Le Pen? Según la mayor parte de los analistas, tiene que ver con la xenofobia. Parte de los hombres homosexuales franceses tienen miedo de que el islamismo se haga fuerte en Francia. Para ellos, es un mal menor no poder casarse o adoptar (terminar con la adopción homoparental es otra de las propuestas del FN) si así hacen frente a un proceso de islamización que ven aún más peligroso.

El discurso del miedo que tan bien está funcionando en Francia también se apoya en los candidatos. Al estilo del PP cuando comenzó a potenciar la figura de Javier Maroto para frenar la polémica por su recurso ante el Tribunal Constitucional por la aprobación del matrimonio igualitario, el Frente Nacional empieza a nutrirse con candidatos homosexuales como Matthieu Chartraire, ex Míster Gay Francia.

Matthieu Chartraire sin camiseta
Matthieu Chartraire, de Mister Gay Francia a político de la ultraderecha | Pinterest

No todo es el discurso del miedo, también la falta de alternativas hace su aparición en el discurso. El neoliberalismo no funciona y la globalización está conllevando deslocalización, una mayor tasa de paro y un aumento de la desigualdad social. Macron, el otro candidato, no deja de ser un banquero, aliado de Bruselas, culpable claro de que las tasas de pobreza sigan creciendo. El sistema no está funcionando y apostar por el continuismo es difícil cuando tienes miedo y, además, estás en paro. La supervivencia siempre está primero que la consecución de derechos.

Mélenchon, el candidato mejor posicionado de la izquierda, que se quedó muy cerca de competir en esta segunda vuelta con el Frente Nacional, comparte con Le Pen mucho más de lo que gustaría. El euroescepticismo es solo una parte de la moneda, las políticas sociales de izquierda que promete el FN (solo para franceses puros, eso sí) es la otra.

También la sensación de que al final no pasará nada. Como en España, cuando el Tribunal Constitucional tumbó el recurso del PP o en California cuando en 2008 con la Corte Suprema de California se calificó la anulación del mismo como anticonstitucional.

Es bastante difícil que el Consejo Constitucional de la República Francesa acepte el cambio en la denominación y derechos que propone el partido de ultraderecha. En el ámbito jurídico echar atrás derechos fundamentales es aún más difícil que conseguirlo.

Marion Le Pen
Marion Le Pen, la voz más abiertamente LGTBfóba del FN | BBC

Le Pen lo sabe así que trata de no ser demasiado clara cuando habla al respecto y dejar que sean otras voces de su partido los que lo hagan, como su sobrina Marion. También, para tratar de tener las máximas posibilidades, ha prometido que la ley de parejas de hecho que sustituya la Ley Taubira no tendrá carácter retroactivo. Es decir, que los franceses que ya se hayan casado, mantendrán su denominación. Los derechos, sin embargo, pasarán a ser los de la nueva ley.

Y no solo se trata de acabar con el matrimonio igualitario, también con la adopción y con los la reproducción asistida para parejas del mismo sexo, como trató de hacer en España la ministra Ana Mato. También en España vimos como la ultraderecha española con Santiago Abascal (VOX) clamaba el voto gay denunciando los asesinatos y torturas de ISIS y diciendo que nos iban a tirar por la Giralda.

La tesis, como defendía el diario ABC en una efeméride del Orgullo hablando de Federico García Lorca, viene a ser la siguiente: con nosotros podéis seguir siendo ciudadanos de segunda y vivir en la intimidad vuestro deseo. Con ellos vais a morir. Renunciad al matrimonio igualitario y la familia y mantened vuestros privilegios de hombres del Primer Mundo.

Para la ultraderecha y los conservadores, aceptar a los hombres gays es un mal menor para llegar al poder. Después, ya tratarán de ir quitándonos nuestros derechos. Le Pen ha afirmado que, de momento, la derogación de la Ley Taubira no es una prioridad, pero que no tiene cabida en su proyecto de Estado. Al final, como en el famoso poema sobre el Holocausto de Martin Niemöller, mientras miramos a otro lado, dejan sin derechos a los inmigrantes:

“Cuando vinieron a por mí, no había nadie más que pudiera protestar”.