La última colaboración para mtmad de Oto Vans da vergüenza ajena. El vídeo sobre el cruising en la plataforma de Mediaset repite los tópicos sobre esta práctica sexual.

El mensaje que un influencer LGTBI transmite a la juventud del colectivo es preocupante, sobre todo copiando la sucia mirada del heterocispatriarcado.

Oto Vans no para de sorprender, para mal, a quienes le seguimos en redes sociales. Hace unos días nos hacíamos eco de una presunta agresión en la puerta de una discoteca madrileña. Ahora se trata de un vídeo donde dice mostrar los entresijos de una zona de cruising.

Insensibilidad ante las agresiones LGTBIfóbicas

El contenido, que graba para su canal “Qué la pasa”, muestra la insensibilidad de Oto Vans y sus acompañantes por la comunidad LGTBI. Así, tras publicar unas stories, reconoce que le criticaron estar “descubriendo los sitios donde la gente hace cruising para que vayan nazis a pegarles”.

Las agresiones LGTBIfóbicas crecieron en Madrid en 2017 hasta 287, en claro ascenso estos últimos años. Desvelar un lugar donde mayoritariamente hombres practican sexo con otros aumenta las posibilidades de atentar contra la comunidad. Las excusas que el youtuber pone a continuación son irresponsables. Son palabras propias de alguien cabezota que no sopesa las consecuencias de sus actos.

El consentimiento: una necesidad también a la hora de grabar

Acto seguido, intenta mostrar a alguien aparcado en un coche que “probablemente esté haciendo [cruising]”. También durante la grabación intenta captar a otra persona y enfoca el zoom al máximo en su búsqueda. Afortunadamente, la inestabilidad cámara en mano y el ritmo espontáneo de la grabación impiden reconocerlas.

El consentimiento de las personas grabadas –buscando sexo, en el propio acto o simplemente pasando por allí– ni se plantea. El vídeo quiere morbo y lo encuentra aunque no lo haya. Las camas improvisadas en unas tinajas podrían ser para hacer cruising o un refugio de sin techo. Ni lo piensan. La precariedad llama a las puertas de cualquier LGTBI pero la pandilla graba sin parar.

Un chorreo de gritos y sustos entre unos y otros mientras graban intentan tensar un vídeo insulso que cae en los mismos errores del heterocispatriarcado. Los cambios de las imágenes a rojo, las arcadas cada dos pasos o los sorbidos de mocos refuerzan la sensación de asco que parece que tiene que generar el cruising.

Por momentos, Oto Vans da vergüenza ajena cuando cree que lo que graba “parece un reportaje de algo”. Dicen que es una persona “sin filtros”: lo único que demuestra el vídeo es cómo una persona irreflexiva puede contribuir a la homofobia –la de extraños y la de propios del colectivo–.

Quién sabe si lo veremos dentro de poco en cotas mayores de Mediaset. ¿Seguirá entonces diciendo a jóvenes LGTBI lo que tenemos que hacer, aunque sea a costa, como en este caso, de quienes practican cruising?

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Bisexual a jornada completa, juntaletras a tiempo parcial. ¡Quien pueda entender, que entienda!