Testimonios de personas trans después de transitar su identidad. Una conversación con sus protagonistas en la que se repite la premisa: elegir entre ser tú, o ser lo que la gente espera de ti.

Ángel dibujando en su mesa de cristal.
Ángel dibujando en su mesa de cristal.

Era otoño de 2008, las ramblas de Barcelona respiraban aliviadas después de haber superado otro día posando ante las cámaras de los turistas y la mirada de los miles de transeúntes que las recorren. Eran rondando las doce de la noche y delante de la parroquia de Santa Mónica había un grupo de tres curiosos personajes sentados en los bancos de cemento. Me acerqué a ellos y me encontré frente a dos hombres y una mujer.

Uno de ellos, de cara huesuda, observaba como el otro hombre, que apenas llegaba al suelo con los pies, hablaba con la mujer. Ella era alta y esbelta, tenía el pelo rubio y encrespado, tipo afro. Debía rondar los 50 años. Sus ojos verdes estaban resaltados por una gruesa e intensa línea azul que los perfilaba y las lentejuelas de su vestido plateado y ajustado le reflejaban en la cara la luz naranja de las farolas de la calle.

Le pedí fuego como excusa para iniciar una conversación y ella comenzó a rebuscar en su diminuto bolso. Su voz era grave pero tierna, siempre terminaba las frases con un “cariño” o un “amor”, tenía cierto acento latinoamericano que luego ella me ubicó, contándome que había llegado hacía veintidós años desde Montevideo, Uruguay. Su nombre era Estrella.

Me habló de su sueño: viajar por toda Sudamérica y volver a ver a sus amigos y familiares. Aunque ella había estudiado para ser administrativa, aceptaba con cierta resignación su actual modus vivendi. Echaba de menos a su familia, aunque no tenía claro si ellos la echaban de menos a ella, pero me decía: “el rencor es para los que no aprendieron a amar”. Al cabo del rato se alzó sobre sus vertiginosos tacones y comenzó a caminar calle de Santa Mónica abajo hasta que la perdí de vista. No podía quitarme de la cabeza sus palabras:

“Hay cosas de mi vida, estupideces como el trabajo, que no he podido elegir, pero las cosas importantes, las que yo siento y me definen, esas son todas mías”.

Casi diez años más tarde, en oc­tubre del 2016, aparece la noticia de que en Cataluña nace TRANSIT, un servicio público de atención y ase­soramiento a personas trans desde un punto de vista despatologizador. Hasta ese momento, todo el proceso de tránsito de una persona transgé­nero se llevaba a cabo desde el Clínic donde según muchos testimonios la atención que se recibía era patriarcal y binaria, además se trataba la transe­xualidad como una patología. “Me di­jeron que no me tratarían porque me gustan las mujeres, que ya estaba bien con cuerpo de hombre”; comenta una de las afectadas.

Por desgracia, no es extraño el desco­nocimiento generalizado que se tiene de todo lo que envuelve al género, el sexo y la sexualidad. “Hay que edu­car nuestras mentes. Hay que educar a las nuevas generaciones para poder construir sobre una base, pero tene­mos que crear esa base desde cero” co­menta Tina en una de las sesiones que ofrece en i-Vaginarium.

Identidad de género, sexo biológico, orientación sexual y expresión de gé­nero son cosas distintas y una no con­diciona la otra:

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La identidad de género se encuentra entre mujer y hombre, y existen infi­nidad de puntos intermedios, como las personas no-binarias que no se identifican con ninguno de los dos casos.

La orientación sexual viene definida por la atracción física, emocional y espiritual que se siente por otra per­sona en relación de su género con el propio: homosexual (atracción en­tre personas del mismo género), bi­sexual (atracción por ambos géneros), asexual (falta de atracción sexual por ninguno de los géneros), heterosexual (atracción entre géneros opuestos).

Cuando se habla de sexo biológico se refiere a las características biológicas y objetivamente medibles en una per­sona, es decir, en una hembra: geni­tales femeninos, cromosoma XX; en un macho: genitales masculinos, cro­mosoma XY; o en una persona inter­sexual: cualquier mezcla entre macho y hembra posible.

La expresión de género es la forma en que se manifiesta el género en base a la cultura y tradiciones a través de la ropa, los gestos y el lenguaje: puede ser femenina, andrógina, masculina…

Una persona cisgénero es aquella que nace con un sexo biológico acorde a su identidad de género. Una persona transgénero es aquella que nace con un sexo biológico que no correspon­de con su identidad de género. Un chico trans sería aquella persona que nace con genitales femeninos pero su identidad de género es hombre, como Ángel.

TRÁNSITOS DE VIDA

Ángel

Ángel es ilustrador, vive con su novia, Jennifer y con su chihuahua, Candela. Estudió historia del arte en la Universidad Autónoma de Barcelona y actualmente trabaja como retoca­dor de fotografías en una empresa de material deportivo.

Ángel trabajando en uno de sus dibujos.
Ángel trabajando en uno de sus dibujos.

Entro en su piso en Barcelona. Cande­la alborota el ambiente con reclamos de cariño, saltando de lado a lado y haciendo chasquear sus uñas con el suelo de la casa. Nos sentamos en el sofá y comenzamos a hablar de nues­tras vidas, divagamos mientras me­rendamos algo, y vaya por donde vaya la conversación acabamos hablando del difícil reto que supone elegir, di­fícil porque supone renunciar a otras cosas que quizá también queremos. Él acaba yendo a un pequeño cuarto donde tiene montado un estudio para sus reclusiones creativas, coge papel, tintas y colores, y se viene a la sala de estar donde se pone a dibu­jar sobre la mesa de cristal. Mientras dibuja vamos hablando, pero poco a poco va desconectando de este mundo para acabar en el suyo de formas cubistas y colores neón.

Retrato de Ángel en el mar
Retrato de Ángel en el mar.

Desde que nacemos hay decisio­nes, ya sea de manera consciente o inconsciente, que realizamos no­sotros o que otros realizan en nuestro lugar. Por ejemplo, cuando yo nací, un médico (basándose en mi aspecto físi­co) decidió que era una niña y, en con­secuencia, así lo creyó mi familia y la sociedad en la que he vivido durante 25 años.

Esa decisión tan rápida cambió en un instante cómo viviría mi vida. A partir de ahí, y a medida que fui creciendo, vi que esa concepción que los demás tenían de mí y cómo me veía la sociedad no concordaba con la imagen que tenía yo de mí mismo interiormente.

Incluso si dejaba ver algo de ese yo in­terior me hacían sentir “raro”, que no era lo establecido respecto a esa deci­sión de aquel médico que en su día (y basándose en la anatomía) decidió que era ella y no él.

Ángel mostrando su DNI actualizado
Ángel mostrando su DNI actualizado.

Reconozco que lo que al principio era como un juego en el que yo podía (en la intimidad) ser quien yo quisiera, lue­go dejó de ser divertido. No quería es­conderme pero el miedo era superior, y más cuando temes hacer daño a los que te importan.

Hasta que poco a poco transformas ese miedo en pequeños detalles para dejar salir tu yo interior: cortarte cada vez más el pelo, los pantalones y cami­setas anchas… Podría explicar muchas vivencias tanto buenas como malas, aunque ganan las malas.

He pasado infancia, adolescencia y par­te de mi juventud viviendo a medias, intentando disimular y defendiendo de puertas hacia afuera algo que en ver­dad no sentía así, pero que me ayudaba a estar “integrado”.

Pero las cosas cuanto más se intentan forzar, peor salen y así fue. Un día decidí dejar de preguntarme “qué hubiera pa­sado si…”. Entonces empecé a investigar aquello que había oído hablar alguna vez por la tele, pero que no acababa de entender. Al ir descifrando poco a poco lo que es la transexualidad, le di nom­bre a todos los sentimientos de estos años. Debo decir que me costó durante un tiempo referirme a mí mismo como tal, pero decidí que esa es mi identidad y en la que me siento representado. Puedo decir que ha sido la mejor de­cisión de mi vida porque he decidido vivir con mi identidad, siendo yo, Ángel”.

Sólo si tienes la nacionalidad española, las personas trans pueden solicitar el cambio de nombre y sexo en el documento nacional de identi­dad a partir de los dos años de hor­monación. Puede iniciar el papeleo antes de cumplir los dos años y una vez cumplidos el endocrino aporta el último documento necesario. Es ahí cuando el juez autoriza ese cambio y cuando, con esa concesión, se puede ir a actualizar la información del res­to de documentos: cuentas bancarias, partidas de nacimientos, títulos del sistema educativo…

Lina

Lina es autónoma, vende material para el taller mecánico a través de una web. Está casada con Ali y tienen un hijo llamado Thiago. Ellas dos son naturales de Uruguay y se casaron en el año 1998. Se casaron como pareja heterosexual, como Fabián y Ali, pero Lina siempre supo que era una mujer. El tránsito de Lina supuso un impacto muy fuerte para Ali y Thiago, pero tras un año de vivir en diferentes hogares, la relación de Lina y Ali también ha­bía transitado, había evolucionado a otra cosa. “Cuando una persona trans decide transitar, su entorno transita con ella, todos necesitan sus tiempos, Ali necesitó su tiempo, Thiago necesi­tó su tiempo, yo necesité mi tiempo…” cuenta Lina.

Lina, Thiago y Ali
Lina, Thiago y Ali.

Cuando llego a casa de Lina en Segur de Calafell, me encuentro a Thiago y tres amigos suyos haciendo el trabajo final de educación secundaria obli­gatoria sobre identidades de género. Están entrevistando a Ali y hablan abiertamente sobre la transición que supuso para ella el pasar de estar ca­sada con un hombre a estarlo con una mujer. Nos sentamos allí con ellos y comenzamos a hablar. Poco a poco las dos amigas de Thiago empiezan a soltarse y, la curiosidad inherente a una persona en descubrimiento del mundo, les lleva a hacer preguntas de lo más originales que Ali y Lina no dudan en contestar. De golpe me encuentro en una conversación que fluye de forma natural y en la que los muros que de forma inconsciente te­nemos levantados en torno a ciertos temas se han desvanecido suavemente sin estruendo alguno. Y la conversa­ción vuelve a derivar otra vez a lo mis­mo: elegir entre ser tú, o ser lo que la gente espera de ti.

Transitar es ese proceso entre lo que eres y lo que sientes que eres, física y psicológicamente. Como una oruga patosa y concienzuda que trabaja en su propia guarida para salir converti­da en una ligera y hermosa mariposa, libre de volar a donde ella quiera. Ese proceso no es solo físico, también es mental. Así como Lina no se identifi­ca con su antiguo yo, Ali tampoco se reconoce. Siente que ese tránsito que Lina ha pasado, también lo ha pasa­do ella de otro modo, también se ha transformado en algo que a ella mis­ma le gusta más, que la hace más feliz.

Retrato de Lina en un paseo que dimos por Segur de Calafell
Retrato de Lina en un paseo que dimos por Segur de Calafell.

Me he planteado muchas veces elegir un camino distinto en mi vida, pero siempre he tenido tan en cuenta las renuncias que conlleva esa decisión, que terminaba desistiendo una y otra vez…

Ese escenario, en el que me encontraba delante de una elección, que cambiaría radicalmente mi vida, se fue repitiendo una y otra vez durante el transcurso del tiempo. El miedo a las posibles renun­cias, daban lugar a que esa elección no se llevase a cabo. Finalmente llegó el día en que ya no fue posible elegir, solo se abría ante mí un camino para poder seguir existiendo. Esas consecuencias, esas renuncias, se alzaban delante de mí irremediablemente. Fue entonces cuando me resigne y asumí que todo aquello a lo que no quería renunciar se me iría escurriendo poco a poco entre las manos.

Hoy entiendo, porque lo he vivido en experiencia propia, que esas renuncias a las que les tenía tanto miedo y por las cuales he retrasado tanto mi decisión, eran nada más que eso, miedos.

Transitar ya no era una elección, se había convertido en una cuestión de vida o muerte. Necesitaba dejar salir a la persona que había gobernado mis sentimientos durante toda mi vida para poder llegar a ese equilibrio que tanto necesitaba.

El impacto en mi entorno inmediato fue tan grande, que creía que se cumplirían mis peores presagios y tendría que re­nunciar a lo que más quería, mi mujer y mi hijo… La fractura duró un año entero, pero fue necesaria para poder crecer y aprender. También ella tuvo que elegir y renunciar a la relación que habíamos tenido hasta ese momento para co­menzar juntas otra totalmente distinta.”.

Dan

Iván y Dan
Iván y Dan.

Dan está estudiando estética, lleva un blog donde comparte información sobre la transexualidad y sus propias experiencias. Es bisexual y actualmen­te tiene una relación con Iván. Dan es vegano y su gato, Bled, un enamorado del maíz dulce.

Retrato de Dan en su habitación
Retrato de Dan en su habitación.

Dan me recibe en su casa, Iván está en el comedor donde, solo entrar, un gato alegre se acerca a toda velo­cidad hacia mí. Aprovechando el día primaveral, bajamos a un parque que hay cerca de casa de Dan y damos una vuelta. Volvemos al piso y el ambien­te se distiende mientras jugamos con Bled ofreciéndole maíz dulce en la mano de Dan, pero parece pre­ferir la lata entera que Iván sostiene en un rincón.

Para mí está siendo de mucha im­portancia poder direccionar mi vida hacia todo lo que me hace ser una persona más feliz y capaz de ayudar a les demás.

Cuando tenía 22 años me di cuenta de que soy un hombre transexual, y deci­dí comenzar un proceso que cambiaría radicalmente mi vida en muchos as­pectos. Expliqué a mi familia, amista­des y compañeres de clase que soy un chico, que me llamo Dan y que quiero que se me trate en masculino. Empecé un tratamiento de reemplazo hormonal y me sometí a una cirugía de mastecto­mía. Modifiqué el nombre y el sexo de todos mis documentos legales.

Elegir vivir acorde a mi verdadera iden­tidad podía implicar renunciar a al­gunas otras cosas. Estaba preparado para tener que alejarme de mi familia si no aceptaban mi cambio, aunque fi­nalmente su reacción fue buena y me apoyaron. Tuve que afrontar gran parte de mis miedos e inseguridades y aban­donar la idea de que no era capaz de llevar a cabo un proceso como éste. La ansiedad y la depresión que sufría fueron desvaneciéndose a la par que avanzaban los cambios.

Puedo decir que poco a poco estoy consiguiendo mis objetivos y me siento afortunado por ello. Pero también soy consciente de que queda mucho tra­bajo por hacer y muchos prejuicios que derribar. Tenemos que luchar para fa­cilitar el camino a todas las personas trans y hacer de este mundo un sitio más amable en el que vivir”.

Tina

Retrato de Tina en una sesión de i-Vaginarium
Retrato de Tina en una sesión de i-Vaginarium.

Entro en una de las salas del Cen­tro Cívico de la Barceloneta. Tina ya está ahí preparando la sala para una de las sesiones de i-Vaginarium, me mira y acude inmediatamente a salu­darme con su alegría característica. A parte de trabajar como agente cívico, está entregada a varios proyectos al­truistas en pos de la mejora de la si­tuación del movimiento trans.

Aprovechando su experiencia con una operación de vaginoplastia y des­cubriendo en ese proceso el gigantes­co desconocimiento que hay sobre el tema, decidió empezar a empaparse de experiencias de otras chicas que, como ella, se habían encontrado con infinidad de barreras tanto burocrá­ticas como informativas, y así, poco a poco crear i-Vaginarium, un proyecto pionero en el que se genera un espacio de reunión donde hablar de la vagina trans y compartir experiencias con tal de ayudarse mutuamente.

Una sesión de i-Vaginarium con Tina planteando alguno de los paradigmas trans
Una sesión de i-Vaginarium con Tina planteando alguno de los paradigmas trans.

En el dilema entre poder y deber, reside gran parte de la esencia vi­tal de cada ser humano. Cuando lo que puedes permitirte el lujo de ele­gir, es porque ciertamente has alcan­zado la madurez y un nivel elevado de autoconocimiento sobre ti mismo. Es prácticamente inevitable tener que re­nunciar a ciertas cosas cuando decides elegir libremente, sí, pero cuando lo las consecuencias adoptan este orden, normalmente es porque quien tuvo la libertad de decisión, fuiste tú, por lo tanto, es tu responsabilidad, dependerá de ti solamente lo feliz que sea la fina­lidad de esa decisión.

Sin embargo, si le orden de los factores fuese al contrario, o sea que debes ele­gir y para poder renunciar, la elección carece de esa libertad, porque segura­mente sería una elección tutelada por otra u otras personas o circunstancias.

Nuestras elecciones inevitablemente están sometidas a constantes varian­tes y temores, que las condicionan, en gran parte por temor a perder, median­te nuestra renuncia, a cosas (objetos, posesiones, personas, sentimientos…) que poseíamos antes de esa decisión. En ocasiones nos aferramos a esas co­sas como si fuesen propias, algo nues­tro, pero cuando logramos discernir que la mayoría de esas cosas han ido llegando impuestas a nuestras vidas, sin permitirnos a nosotros mismos, po­der decidir si queremos o no adoptar­las a nuestras vidas, entonces conse­guimos desprendernos o renunciar sin apenas esa carga emocional impuesta por los roles culturales de la sociedad.

Tina en una sesión de i-Vaginarium esperando a que lleguen las demás asistentes
Tina en una sesión de i-Vaginarium esperando a que lleguen las demás asistentes.

Cuando decides dar el paso para tomar las riendas de tu propia vida y vivirla como dicta tu corazón y tu mente y no como está predeterminado por la so­ciedad, puede que aún no estés prepa­rado del todo para realizar ese ejercicio con tantas garantías, pero mientras te vayas despojando y renunciando a co­sas impuestas en el pasado, cosas que te atrapaban, descubrirás que las re­nuncias en realidad no son tales, sino más bien soltar un lastre, que te permi­tirá alcanzar mejor las metas deseadas con tu poder de elección.

Es complicado, pero a la vez tremenda­mente sencillo, solo hay que encontrar la valentía para abandonar la seguri­dad que te otorga pertenecer a la gran masa gris y decidirte a lanzarte a ese abismo que nos dicen que existe, más allá del precipicio de la dicotomía entre renuncia/elección”.

Un ginecólogo, actualmente en Espa­ña, jamás podrá asistir satisfactoria­mente una vagina tras, pues no tiene conocimientos acerca de la próstata. Un urólogo, por la misma regla de tres, no podrá asistir correctamente una vagina trans porque no conoce de forma profesional la anatomía de una vagina.

Este paradigma en el que la vagina trans queda en una especie de limbo dentro del sistema de salud es el de­tonante del que nace i-Vaginarium. Durante las diferentes sesiones mo­deradas por Tina, se pone, como ella siempre dice, la vagina trans sobre la mesa. Se habla sobre miedos, dudas, avances, autodescubrimiento, autoes­tima… Y casi como una metáfora, ha­blando de vaginas, se acaba hablando de la propia vida: cómo afrontar esos miedos, cómo aprender a quererse una misma y aceptarse como uno es para poder cambiar y avanzar sobre suelo firme.

Las sesiones se desarrollan en un am­biente jovial y amistoso donde cada una plantea dudas y las demás tratan de ayudarla con la propia experiencia. Reivindicando en todo momento el cambio que debe continuar dentro del sistema de salud para acabar sien­do completamente inclusivo.

Es entonces cuando me encuentro con ellas, el grupo de i-Vaginarium, comiendo magdalenas y torrijas en un bar, y me doy cuenta de que las cosas avanzan, quizá no a la velocidad que debiera, quizá a veces con rumbos un tanto divergentes; pero con marcha concienzuda y rigurosa, con gente que tiene ganas de luchar por aquello que sueña, que imagina y que es capaz de crear, como Estrella me contó en fren­te de la parroquia de Santa Mónica una noche de otoño.

No se trata de destruir, se trata de transformar, como dice Tina, desde la base. Si se consigue educar a las nue­vas generaciones de una forma libre de prejuicios, las nuevas generaciones ofrecerán a las venideras un prado donde marcar su propio camino y no una carretera de tierra aglutinada y unidireccional.

Será la revolución empática que ahora mismo palpita entre conversaciones cruzadas, bromas y risas en el bar, en­tre personas que quizá no tienen nada en común pero han aprendido a que­rerse y comprenderse. Al fin y al cabo, todos en algún momento hemos tran­sitado, hemos cambiado cosas de no­sotros mismos que no nos gustaban y que creíamos oportuno mudar, como la mariposa.

Bandera trans y gay en una terraza de Terrassa
Bandera trans y gay en una terraza de Terrassa.