Ser LGTBI+ no es fácil. Las personas con orientaciones sexuales o identidades de género diversa nos enfrentamos todos los días a la discriminación, a la presunción de heterosexualidad, a la certeza de que podemos llevarnos una paliza en cualquier momento por ser quienes somos. Viajar es quizá uno de los ejemplos más claros.

Apenas se habla de ello, pero viajar siendo heterosexual supone todo tipo de privilegios. Para empezar, un hetero puede viajar a cualquier rincón del mundo. De los 194 países que hay en el mundo, en 72 es ilegal ser homosexual. Esto reduce nuestras posibilidades de viajar sin acabar en la carcel. Más del 37% de los Estados castigan la homosexualidad con penas de carcel o la muerte. Solo en un 12% hay matrimonio igualitario, es decir, lugares donde las parejas homosexuales tienen los mismos derechos que las heterosexuales.

Si somos trans*, la situación es mucho peor. Tanto que apenas hay estudios visibles sobre en qué países se puede hacer la transición o no. El último estudio de ILGA establecía diferencias entre lugares donde es posible (una treintena de países) y donde es nominalmente posible pero en la práctica es casi imposible, así como faltaban datos de casi todos los países de África, Oriente Medio y muchos de Oceanía. Sin tener en cuenta estos países, en más del 30% de los países del mundo no se reconoce la transexualidad.

Un mundo mucho más pequeño

Viajar siendo LGTBI+ es darte cuenta que tu mundo es mucho más pequeño. Aun en países donde oficialmente la homosexualidad es legal como en Rusia o Bielorrusia. Todos sabemos que hay muchas posibilidades de ser agredidos o asesinados, también en países donde ser LGTBI+ es legal. Mientras cuando un heterosexual se plantea descubrir el mundo solo tiene que poner el dedo en cualquier lugar del globo, una persona LGTBI+ tiene que pararse a investigar. No ya si la legislación te acepta, sino también cuántas posibilidades hay de que te peguen o te maten.

Como siempre, los transgénero y las identidades queer se llevan la peor parte. Sino, imaginaos un momento en un control fronterizo antes de haber terminado un proceso legal de reasignación de género. O si, simplemente, tienes género fluido.

La microlgtbifobia está en todas partes

Cuando una persona LGTBI+ viaja, sabe que la microlgtbifobia estará en todas partes. Primero que nada tiene que luchar contra la presunción de heterosexualidad. Un ejemplo muy claro es cuando viajas con tu pareja y quieres dormir en una cama grande.

Personalmente, siempre lo dejo escrito en las observaciones cuando hago una reserva de hotel. Aun así, me pasa mucho que al llegar y ver que somos dos hombres, los recepcionistas se ponen nerviosos por si se han equivocados. A veces nos cambian a dos individuales y la gran mayoría nos preguntan extrañados. Poca gente, a la que se agradece no dice nada o, simplemente lo menciona sin preguntar, para darnos la opción de decir algo en caso de que no quisieramos dormir juntos.

¿Tan difícil es pensar en 2018 que dos hombres que tienes en una recepción quieren dormir juntos? Y estoy hablando de mi caso, que soy un hombre cisgay blanco. Dentro del LGTBI+, la persona más privilegiada. ¿Qué no pasará en otros casos?

Por supuesto, depende muchas veces del destino. Aquí se ve la gran frontera no solo entre países lgtbifriendly y países lgtbifobos, sino también entre el mundo rural y el urbano.

Educar en la diversidad

¿Qué podemos hacer nosotros? Siempre que estemos en un país donde ser LGTBI+ sea legal, educar en la diversidad. Puede ser muy molesto estar en un pazo gallego con 4 habitaciones y decir que reservaste la habitación con cama de matrimonio a sabiendas, que no quieres que te cambie a la que tiene dos camas cuando lo intente. Que te des un beso o tengas un gesto cariñoso con tu pareja cuando te apetezca. En este tipo de casos de viajes y alojamiento, tenemos la ventaja del capitalismo.

No pasa lo mismo en un control fronterizo o en un aeropuerto, donde es bastante más complicado y nos puede suponer graves problemas.

Los riesgos son grandes y lo peor es que la situación solo mejorará si no los evitamos. Aun así, jugarse el tipo por los derechos de todos no deja de ser una decisión libre e individual. También, es importante contar cuando nos pasen este tipo de cosas.

La mayor parte de los heteros jamás piensan en lo que nos supone viajar siendo LGTBI+. Es bueno recordar que no todos tenemos esos privilegios de poder ir a donde queramos, de poder dormir con quién nos apetezca, de no tener que mirar asustados si alguien puede poner en peligro nuestra integridad física o mental. De recorrer el mundo con una mochila o de hacer escala de una noche en Dubai con tu novie camino de Australia, China o Japón.

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De Cai. Periodista y antropólogo. Maricón.